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Foto: Cortesía FCE
Virginia Bautista

 

CIUDAD DE MÉXICO. Los invisibles en su casa, en su país y en su historia. Esos seres que andan a la deriva, que parecen naufragar, aunque nunca fracasan del todo, inspiran la nueva novela del escritor Fabrizio Mejía Madrid (1968), Los ninguneados (FCE).

Es un retrato de los no queridos, de los que no tienen un lugar. Pensé, por una parte, en los dos hijos de Hernán Cortés y, por otra, en los dos hermanos Xaramillo, una familia normal. ¿Qué es eso de ser hermanos? ¿Qué es lo que llamamos ‘la identidad’? ¿Es nuestra historia familiar tan sentida como la de nuestro país? De estas preguntas partí”, comenta el narrador en entrevista con Excélsior.

Cuento la travesía de un hermano que va a buscar al otro de la Ciudad de México al puerto de Veracruz y, en medio, se narran las vicisitudes de otros dos hermanos, que son los hijos de Hernán Cortés, uno hijo de la Malinche y otro de Catalina.

Utilizo la historia de la Conquista como un pretexto para hablar del tema de la identidad, pero, sobre todo, de la memoria; la idea de que cada vez que recordamos algo lo cambiamos. También a la memoria histórica cada vez la estamos viendo con otra mirada”, agrega.

Dice que siempre le ha intrigado el hecho de que, tanto en las familias como en la historia nacional, “existen personas que fueron invisibles por distintas razones y comparten la injusticia y el menosprecio.

El libro aborda además la idea de la deuda. El 90 por ciento del ejército en la Conquista de Tenochtitlan eran indios, a los que se les promete que ya no pagarán tributos, que los van a liberar, pero finalmente se les esclaviza durante toda la Colonia”.

El cronista considera que “toda familia es una forma de la infelicidad, de las expectativas no cumplidas, no realizadas, también es una deuda que se tiene. La
deuda existe como una posibilidad de identidad”.

Evoca la metáfora de vivir en una casa que está permanentemente en obra negra. “La idea de que las familias algún día van a llegar a la construcción ideal, igual que las casas, que se destruyen, se hacen ruinas. No es un fracaso, sino cómo reconstruyes una embarcación que está naufragada con los pedazos que quedaron y que pueda seguir navegando en alta mar.

Es la idea de la historia personal y nacional. No es del todo una derrota, sino salir todo el tiempo del naufragio. La referencia a las heridas es importante, porque si se rompió algo no se puede invisibilizar”, añade.

El también ensayista aclara que Los ninguneados no es una novela histórica, pero tampoco es completamente literaria.

 La novela fue escogiendo su propio lenguaje, un carácter más de meditación, incluso una parte rima; me di la libertad de explorar”, confiesa.

 

 

cva

 

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