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“Siento que la vida me va con retraso”. Noelia, 33 años, es auxiliar de enfermería en Madrid. Encadena contratos precarios y nunca ha cobrado más de 1.000 euros. Enfrenta el futuro con “cierta indefensión aprendida”. Sin esperanzas. Vivir el presente dice, es lo que le permite mantenerse sana mentalmente. Guillem, administrativo valenciano de 27, está atascado “en la montaña rusa del eterno adolescente”, frustrado por no poder plantearse, “solo soñar”, con “un proyecto vital que incluya vivienda, familia y un trabajo estable”. Ana Montes, 23 años, de Guadalajara, lo resume así: “Mi vida está en stand by”.

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ALEXANDRA ARISPE

29 años. Madrid. Servicio posventa
Trabajos en prácticas a 300 euros por ocho horas. Zulos a las afueras por 400 euros al mes. Nos dicen que somos la generación perdida, que no entendemos el sacrificio… Es cierto que no hemos vivido una guerra ni pasado hambre, pero eso no significa que esto sea normal. Tengo asumidísimo que no voy a tener jubilación. Tampoco tengo opción a ahorrar, así que no voy a tener nunca un piso. Estamos gobernados por pusilánimes, igual es hora de salir a la calle.

CRISTÓBAL BECERRA

27 años. Málaga. Organizador de eventos
Me he independizado dos veces. Cobraba 800 euros y pagaba casi 500 euros por un zulo de 30 metros. Y cuando llegó el verano me echaron porque les sale más rentable alquilarlo vacacionalmente. Tuve que volverme a casa de mis padres. Desde la pandemia, estoy sin facturar porque no hay eventos musicales ni nada. La sensación es de desesperanza. Da igual lo que hagamos. Y por parte de los gobiernos, solo se les ve preocupados por no incomodar a los empresarios, a los caseros….. Luego se quejan de la desafección por la política, del alza de los populismos. ¿Qué quieren? Se han olvidado de nosotros. No podemos trabajar, no podemos construir una vida y ya, ni salir a olvidarnos de ello podemos. Somos los culpables automáticos de todo. Como lo de los botellones… Ni que los paisanos de 70 tomando cañas a las 12 del mediodía no contagiasen. Están convirtiendo ser joven en un delito.

CELIA DOLCI

33 años. Málaga. Directora de teatro y profesora de artes escénicas
Vivo con unos 600, 800 euros al mes de los cuales tengo que ahorrar. En verano me rescinden el contrato. El futuro tras la covid se ha puesto todavía más negro porque todo el dinero que había guardado se ha esfumado. Hay que reinventarse otra vez, empezar de cero. La mente ya se agota. Y las expectativas en cuanto a vivienda o maternidad son cero.

GUILLEM VALLÉS

27 años. Valencia. Auxiliar administrativo
Vivo en la montaña rusa del eterno adolescente. En algunos momentos estoy a gustito. Al fin y al cabo, no me muero de hambre. Pero en otros siento una enorme frustración, ya que ni me planteo (solo sueño) un proyecto vital que incluya vivienda, familia y trabajo estable.

LAURA GONZÁLEZ

31 años. Huelva. Administrativa
Estaba independizada pero llegó el confinamiento, me despidieron y tuve que volver a casa de mis padres. Tuve la gran suerte de encontrar trabajo, pero los alquileres están muy caros. La Constitución Española dice en el artículo 47 que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. ¡¡AYUDA YA, POR FAVOR!!

LAURA CARRILLO

28 años. A Estrada (Galicia). Ilustradora
Cuando mi madre tenía 27 años, ya llevaba 12 trabajando. A esa edad, mi madre se casó, tuvo a a mi hermano y, seis años después, a mí. A mis 28 años, tras un grado, un máster, bastantes cursos especializados y dos años trabajando de forma intermitente, vivo con mis padres, no encuentro un trabajo que sea estable y mucho menos relacionado con mi formación. Me preguntan si tengo novio, si ya me he independizado, si quiero tener hijos. Me dicen que mi generación es muy infantil, que tenemos que trabajar, madurar. ¿Cómo voy a plantearme mantener una relación estable con alguien si no tengo ni dinero para tener un colchón propio, si aún duermo en mi cama de 90, si aún me cubro con mis sábanas de niña?

JORGE TORRES

26 años. Leganés. Consultor tecnológico
Procedo de una familia numerosa al sur de Madrid donde se hacía difícil llegar a fin de mes. He conseguido comprar un piso y vivir solo. Debemos priorizar para salir adelante, no hay otra forma. Tanto mi círculo como yo no hemos tenido ninguna ayuda de nuestros padres, simplemente hemos ido amoldando nuestra vida a nuestro trabajo. La mayoria de los jóvenes no tienen filosofía de ahorro, prefieren disfrutar del momento. Me parece lícito, es cuestion de prioridades. Es difícil, pero yo pago una letra de 310 euros y vivo solo. Te tienes que amoldar al dinero que tengas.

ELENA PÉREZ

19 años. Barcelona. Estudiante
Crecimos oyendo que teníamos que estudiar y prepararnos para el futuro. Estamos obligados a formar parte de un sistema -en el que muchos ni siquiera creemos- para tener un “buen futuro”. Instituto, universidad, máster, cursos, idiomas… Necesitamos más y más, como si toda nuestra valía como personas se basara en lo preparados que estemos. Y en el fondo, por muchos títulos que tengamos, sabemos que terminaremos de estudiar y seremos uno más en el mundo laboral. Asumimos que a muchos nos tocará emigrar, o nos tocará trabajar en algo para lo que ni siquiera habíamos estudiado. Nos criamos con esa falta de ilusión.

ALBERTO CARRASCAL

29 años. Madrid. Parado
Hace dos años yo tenía un trabajo estable y muchos sueños. Dejé mi trabajo para estudiar un MBA, pero en marzo de 2020 el mundo colapsó y me encontré un panorama desolador: crisis, ERTE, desempleo e incertidumbre. Ahora me veo obligado a buscar trabajos no cualificados de cualquier tipo. Por ejemplo, de mozo de almacén en una planta logística de Amazon con contrato temporal renovable mes a mes sin saber qué mes va a ser el último. Pero no se me caen los anillos. Parece que la economía va mejorando. Me llegan ofertas de prácticas por 500 o 600 euros, algo que no solo un graduado MBA no debería cobrar, sino nadie que quiera vivir dignamente. Pero mantengo la esperanza. He estado con los de arriba, compartiendo aula con gente millonaria, y con los de abajo, gente que sobrevive cada día, con los que compartí el almacén, y todos tenemos ganas de salir adelante. Quizá necesitaba ese golpe de realidad. Pase lo que pase, está siendo una etapa de introspección y crecimiento personal: cada día valoro más el tiempo que dedico a los míos.

ADRIÁN TORRILLAS

28 años. Valencia. Inspector de calidad
“¿Dónde está el porvenir que forjaron nuestros viejos?”, cantaba Eskorbuto en los años 80. Podríamos seguir cantándolo. Cuando comencé la universidad, en 2013, la crisis estaba de lleno en casa y tuve que aplazar mis estudios indefinidamente. Casi siete años después, me encantaría volver a estudiar. Con mi pareja vemos difícil formar una familia con los recursos que tenemos. Pocas de las cosas que me pudieron ofrecer mis padres se las podré yo ofrecer a mis hijos. Es palpable el pesimismo en la juventud y me temo que nos hemos acostumbrado a que los alquileres estén cada vez más altos y los sueldos congelados, ¿Ahorros? Ja.

GERARDO GUERRERO

28 años. Cádiz. Opositor
Crecí en el optimismo. Incluso en 2015 guardaba la esperanza de incorporarme al mercado laboral y tener tarde o temprano un mínimo proyecto de vida. El problema está en las expectativas. La realidad ha truncado nuestras vidas y vivimos frustrados. Soy afortunado: mis padres se pueden permitir mantenernos a mí y a mi hermana por muy mal que nos vaya. Pero qué triste es eso. A veces se me acelera el corazón pensando en que me voy a la puerta del Ayuntamiento a reivindicar trabajo y vivienda para los jóvenes. Un día a la semana, como Greta Thunberg, a luchar por lo que importa. Pero me calmo autoconvenciéndome de que lo mejor que puedo hacer es seguir estudiando mi oposición. Descorazonador. No importamos a nadie.

QUIONA RIBES

34 años. Barcelona. Comercial y artista
Estoy en esa edad en la que no eres ni lo suficientemente joven, ni lo necesariamente adulta. He crecido con el pesimismo de una generación que compite ya no contra los demás, sino con la autocrítica y la autoexigencia. El sentir que era buena en todo pero no destacable en nada me creó tal ansiedad que terminé necesitando ayuda psicológica. Tienes estudios, pareja, amigos, familia, ¡e incluso personalidad propia! Y, aún así, sigues sintiendo que tu vida no tiene nada de particular. Somos una generación tan original que hemos terminado pareciéndonos todos.
Crecemos con el “no limits” grabado a fuego mientras atravesamos crisis económicas que prenden fuego a tus alas en cuanto tratas de volar. Miro a mis padres y a mis abuelos, con su piso pagado, su coche, su familia… ¿Cuándo podré yo ahorrar lo suficiente? Si vivo en Barcelona, en un piso de 55 metros cuadrados por 1.000 euros al mes más gastos. Mi único deseo ahora es tener una vejez como la de mis abuelos, pero me pregunto, ¿no debería, con 34 años, estar disfrutando de mi juventud?

VÍCTOR HERNÁN

32 años. Alcorcón. Periodista y técnico informático, trabaja de mozo de almacén
Terminé una relación con la que fue mi novia durante 12 años y me creé una cuenta en Tinder. Hace unas semanas empecé a hablar con Carolina. Todo iba normal hasta que salió el tema de con quién vives. Tengo 32 años y aún vivo con mis padres. En ese momento me sentí avergonzado. Te preguntas qué has logrado. ¿Cuándo va a empezar mi vida propia? Nací en Colombia y llevo viviendo en España casi 20 años. Aunque soy migrante, siento que no he tenido las dificultades que han tenido mis padres. Tengo tres hermanos, éramos pequeños y la adaptación fue sencilla. Mis padres siempre han tenido el valor de la educación. Lo digo porque, como me decía un profesor en 2010-2011, tienen que pasar 20 años para que el hijo de un migrante vaya a la universidad.
Yo estudié Periodismo. Pero al acabar, el choque fue grande por la crisis económica y social y de la prensa. Así que conseguí trabajo de conserje. Luego hice un grado superior de desarrollo web y estoy preparando el First Certificate en inglés. Trabajo como mozo de almacén, que al menos me da un respiro.
Ni pienso en la idea de comprar una casa para la que como mínimo se necesitan 30.000 euros. A veces pienso, mira, lo dejo todo y me voy a un pueblo a criar vacas. No descarto irme al extranjero.

LUIS MONGE

29 años. Murciano en Ecuador. Antropólogo y educador
Nací en Cieza, Murcia. Soy parte de la que llaman la generación más formada de la historia de España. En mi país y en Inglaterra he trabajado de camarero, de cocinero, de socorrista e incluso haciendo chapuzas. Trabajos muy loables pero para los que yo no me formé. Ahora vivo en Ecuador y coordino proyectos en temas de protección a la infancia. El corazón de muchos y muchas como yo está en España, pero en Ecuador me siento valorado y respetado. Nuestra vida está entre dos mundos, pero tenemos la sensación de que se ha construido otra valla, esta vez simbólica y cada vez más alta, que nos impide regresar a casa. Yo quisiera ser parte de las historias de la vida de mis seres queridos. Quiero salir en las fotos que veo en sus redes sociales o en las que pasan por los grupos de WhatsApp. Y quiero aportar a mi país, por supuesto quiero contribuir a mejorarlo, además ahora, que hace más falta que nunca. Todos los días me levanto pensando: “Voy a comprar un billete de vuelta a casa”. Luego miro en paginas de búsqueda de empleo, cierro el portátil y me voy a trabajar. Y por el camino voy pensando: «¿Por qué se nos sigue negando una vida digna de ser vivida en nuestro hogar?».

CARMEN ROS

33 años. Murcia. Arquitecta autónoma
Cuando eres autónoma sientes que cuesta el doble llegar a todo: estabilidad profesional y económica, emocional… Y luego la maternidad. Para las mujeres de mi edad, este paréntesis de año y medio ha supuesto un punto de inflexión. Mis amigas y yo decimos que este guantazo no lo vimos venir. Hace nada éramos jóvenes y de pronto tenemos que empezar a correr si queremos ser madres. Tengo mucha suerte de tener a la persona perfecta a mi lado. Él también es autónomo. Solo falta que los condicionantes externos se alineen. La baja de maternidad para autónomas es prácticamente inexistente y yo también he preferido desarrollar mi carrera profesional antes de nada. Pero no deberían ser cosas incompatibles.

ENRIQUE ZAMORA

23 años. Huelva. Estudiante de Máster
Estudié periodismo y ahora un máster en escritura creativa, pero estoy pensando en opositar aunque no me hace ilusión. Quizás en otra situación económica intentaría algo más aventurero, pero en esta es mejor asegurar y ejercer mis inquietudes literarias en mi tiempo libre. Entre lo malo y lo menos malo, prefiero lo segundo. Ser joven en 2021 es sufrir este desfase entre quien sabes que puedes ser y quien eres en realidad por falta de medios. Es triste, pero, con la que se nos viene, he decidido desechar los discursos románticos del esfuerzo.

SARA LÓPEZ

24 años. Madrid. Escritora en paro
Buscar cada día en los portales de empleo un trabajo con la ilusión de ser independiente. No recibir ninguna llamada. Entrar en las páginas que ofrecen pisos en alquiler a ver fotos. Mirar la cesta online de un comercio que finalmente dejas abandonada, sabiendo que no te lo puedes permitir. Tratar de ignorar cuánto te queda en la cuenta bancaria cada vez que realizas un gasto. Idealizar un pasado que no has vivido, pero que ya recuerdas con nostalgia. Convertir en un deseo necesidades básicas que nuestros padres tenían cubiertas. Pensar que con muy poco seríamos mucho más felices, que es justo lo que no tenemos. Soñar con ser algún día un adulto funcional. Así resumiría qué es ser un joven milenial de clase trabajadora en 2021.

LUCÍA VICENTE

18 años. Cuenca. Estudiante de Bachillerato
Los jóvenes de ahora hemos crecido entre crisis, pero no conocemos eso de tener el plato vacío. Nuestras crisis son muy distintas a las que se conocían antes. Llevan precariedad, pero, sobre todo, incertidumbre. Queremos labrarnos un futuro por lo menos la mitad de digno que el que tuvieron nuestros padres. Le damos cada vez más importancia a la salud mental. Somos una generación nada preparada para fracasar o para hacer frente a la realidad, puesto que no nos ha faltado jamás nada, ni en las casas más humildes.

SOFÍA MARTÍN

29 años. Madrid. Gestora de proyectos
Aunque me sienta satisfecha con mi vida, siento que hay todavía una carga sobre mis hombros: encontrar casa y formar una familia. Es un tema recurrente cuando vuelvo de Madrid al pueblo, una ‘to-do list’, una lista de cosas por hacer antes de los 30, cuyas casillas tengo que rellenar sí o sí. Pero siempre con un precio: no desarrollar una carrera profesional. Son escasas las amigas que han conseguido formar una familia y tener un empleo digno paralelamente. Veo asomar esos “es que no se puede tener todo” ajenos. Y es cierto. Por eso creo que es sano rehacer la lista conforme va viniendo la vida.

MIGUEL CORDERO

25 años. Asturiano en Múnich. Desarrollador web.
En Madrid estudié ingeniería industrial, y ahora trabajo de desarrollador web en Múnich. Considero que el sistema español me ha fallado. Al salir de España ves que se valora tu trabajo. Hay más oportunidades, ves el mundo con otra perspectiva. Te hace ver el mundo con ilusión y con ganas, y no el infierno laboral de España, sin oportunidades o con trabajos precarios con sueldos tres veces menores de los que podrías estar cobrando en Alemania. La culpa es de las políticas que se llevan a cabo. No creo que vuelva hasta que me jubile. Salir de mi país ha significado alegría. No entiendo qué ocurre con el sistema educativo español para que todo este sufrimiento que tenemos en determinadas carreras no se vea recompensado luego.

José Ramón persigue la vida de sus padres

Por Antonio Jiménez Barca
La familia Trillo, de un pueblo de Jaén, triunfó siempre gracias al esfuerzo y los estudios. Pero este alumno modelo, que cursa un doctorado sobre Inteligencia Artificial, desconfía del porvenir. Aún no ha conseguido independizarse.

PODCAST: «El futuro es una sombra»

Por Carlos de Vega y José Juan Morales
En el primer episodio de esta serie, jóvenes de toda España explican sus incertidumbres, la falta de futuro y el temor a ser la primera generación que puede vivir peor que la de sus padres

DATOS: El grupo de edad con más pobres en España

Por Kiko Llaneras
El 32% de la población de entre 20 y 29 años está en riesgo de pobreza frente el 16% de los mayores de 65. Entre las causas está el mercado de trabajo, precario desde hace décadas.

EDITORIAL | El derecho de los jóvenes al porvenir

Es urgente abordar los problemas que asolan a la juventud como una cuestión vital

OPINIÓN | ¡Qué estafa!

Un joven mira su teléfono móvil mientras espera para entrar en una oficina del SEPE (antiguo INEM), en Valencia, Comunidad Valenciana (España), a 12 de febrero de 2021. El número de parados registrados en las oficinas de empleo en la Comunitat Valenciana subió en 10.094 personas en enero, lo que supone un 2,3% más que en diciembre de 2020, más que el repunte medio del 1,9%. Además, hubo 81.233 parados menos en la Comunitat, un 22,16% más en relación con enero de 2020.
12 FEBRERO 2021;CITA PREVIA;VALENCIA;PARO;EMPLEO;DESEMPLEO;INEM
Rober Solsona / Europa Press
12/02/2021

Por Elvira Lindo
Participé de ese optimismo insensato que nos llevó a deducir que nuestros hijos tendrían un futuro a la altura de la infancia que les estábamos haciendo disfrutar

OPINIÓN | La edad de hielo

MADRID, 05/05/2020.- Dos jóvenes pasan ante una ofician de empleo este martes en Madrid. La Seguridad Social perdió 947.896 afiliados desde que comenzó la crisis del COVID-19 y hasta el cierre de abril, dejando el número total de cotizantes en los 18,39 millones, en tanto que el paro creció en estos dos últimos meses en más de 585.000 personas y superó los 3,8 millones de desempleados. EFE/Rodrigo Jiménez

Por Elena Medel
Desde la crisis de 2008, los jóvenes no conocen otra realidad que la de becas eternas y contratos basura

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